Sobremesa y Madeira

¿Qué puede haber mejor que una buena comida regada por vinos seleccionados, que vayan potenciando los sabores extraídos de los mejores productos del mar y la tierra, pescados, mariscos y carnes o verduritas y frutas de la huerta, que hay que cuidar nuestros cuerpos durante nuestra fugaz estancia en este mundo? Pues todavía mejor es la sobremesa, pero una sobremesa en condiciones, sin prisas, bien acomodados en un sofá o butacón de orejas, en la compañía adecuada de un grupo de amigos y amigas, hablando de lo divino y de lo humano, compartiendo vivencias, rememorando viajes. Y para que el alma dormida “avive el seso y despierte, contemplando como se pasa la vida” que hay mejor que un vino dulce, que concentre toda la sabiduría de un pueblo a través de generaciones. Pocos son los vinos que cumplen esas condiciones de calidad y tradición: Oportos, Jereces y Madeiras.

Punta do Sol en Funchal (Madeira)Hoy vamos a hablar un poco del último de ellos, tal vez el menos conocido en nuestro país, desde luego el menos bebido. La isla de Madeira, de origen volcánico, se encuentra entre las Azores y las Canarias y en la ruta que une la Península Ibérica con el Caribe. Presente en las rutas de navegación desde hace siglos por conectar el Reino Unido y el Atlántico Norte con el Índico, bordeando el continente africano, fue descubierta por los portugueses en 1419. Con una orografía agreste, es como una montaña rodeada de mar. Su capital es Funchal y tiene un aeropuerto internacional en el que sólo los pilotos más capacitados tienen licencia para aterrizar. Su población es de 260.000 habitantes, que en la actualidad viven del turismo, fundamentalmente europeo y del cultivo y exportación del vino de su mismo nombre.

La importancia del vino de Madeira se puede resumir en dos ejemplos, uno político y otro literario. El primero, que fue el vino utilizado el 4 de julio de 1776 para brindar por la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América y unos años más tarde la aprobación de su Constitución. George Washington (del que se decía que se bebía una pinta de Madeira diariamente), Thomas Jefferson y Benjamin Franklin eran tres grandes aficionados al Madeira. De hecho a la cosecha 1802 de Madeira se le denomina Constitution por homenaje a los hechos anteriores. El segundo, se puede leer en la obra de Shakespeare, (que gustaba también de los malvasías canarios), en Enrique IV, cuando se dice de Falstaff, ese orondo bufón, propenso a todos los vicios, pero siempre epicúreo, que vende su alma al Diablo un Viernes Santo a cambio de una jarra de Madeira y de una pierna de carnero. Recordemos que estamos hablando de unos siglos antes, ya que la inmortal comedia fue escrita en 1596. Está claro, pues, que hablamos de un vino con una historia de más de 4 siglos y que ha sido siempre sumamente apreciado.

Otro de los factores que han influido en la inmensa reputación de los vinos de Madeira es su enorme longevidad. Al ser un vino fortificado, es decir, que se interrumpe la fermentación (entre los dos y los cuatro días, según el tipo) con la adición de alcohol vínico al 96%, puede durar varios siglos. De hecho algunos afortunados pueden acceder en la actualidad a Madeiras de principios del siglo XIX y que se encuentran en un estado maravilloso. ¡Ojalá pudiera describiros cómo sabe un Madeira de esa época pero no he tenido la oportunidad!

Tipos de MadeiraDos cuestiones muy importantes, mejor dicho, fundamentales tenemos que tener en cuenta en el vino de Madeira: el tipo de uva que se utiliza y la forma de elaboración. Respecto al tipo de uva, cinco son las más utilizadas, desde la tinta negra mole, que representa cerca de 90% del total, a los restantes 10%, la sercial, verdelho, boal (en inglés bual) y malvasia (malmsey en inglés), que se utilizan para los vinos de mayor calidad y que luego se envejecen como comentaremos posteriormente. Cada una de estas uvas produce vinos varietales de distinta dulzura que van desde la sercial que es seco y se toma de aperitivo, pasando por la verdelho semiseco, la boal semidulce, hasta finalmente el malvasia, dulce, el mejor de todos, el que nos alegra esas horas maravillosas de sobremesa con las que empezamos esta crónica.

La forma de elaboración es la causa fundamental de la especificidad del Madeira, lo que hace de él un vino único y maravilloso. Se trata del proceso de calentamiento prolongado que se aplica a los vinos en su fase de envejecimiento y que puede ser de dos tipos. El primero, más generalizado, es el estufagem, que consiste en hacer que el vino, que se encuentra en depósitos de acero inoxidable se calienta durante por lo menos tres meses mediante unas serpentinas por donde circula agua a una temperatura entre 45 y 50 grados. Después suele pasar a barricas de roble donde se completa esta fase antes de que el enólogo decida que está en el momento de pasar a botella. El segundo, que se utiliza con los vinos de mayor calidad, se denomina canteiro, por los soportes de madera que soportan el peso de las barricas, es tenerlos en pipas de madera en parte más alta de los almacenes, que es también la más caliente, la que soporta las temperaturas más elevadas. Ahí permanecen al menos dos años y tres años después de la vendimia pueden ponerse a la venta.

Estos procesos de calentamiento del vino se descubrieron cuando se transportaban en las bodegas de los barcos de carga y al sufrir altas temperaturas y mejorar los vinos, se utilizó el método de hacerlos viajar hasta que se empezaron a usar los sistemas anteriormente citados. La verdad, queridos amigos y amigas, al final qué nos importa cómo se elaboran o quién descubrió el estufagem de los Madeiras, lo realmente importante es lo que este vino expresa en la copa, cómo nos hace disfrutar y cómo consigue ser un invitado imprescindible en las sobremesas que tanto nos alegran la vida.

Los más importantes comerciantes de vinos de Madeira son Henriques & Henriques, Madeira Wine Company (que agrupa varias marcas como la muy conocida Blandy’s), Vinhos Barbeito o Vinhos Justino Henriques.

Ciertamente algunos como Falstaff venderíamos nuestra alma por un buen Madeira, especialmente si es un Terrantez de 1795, de los que elabora Barbeito y embotella, como podéis ver en la foto adjunta, sólo 23 excepcionales botellas que contienen toda la maravilla del conocimiento de nuestros antepasados en sólo unos pocos centrilitos de capacidad. ¡Misterios de la Naturaleza!

Amigos y amigas, espero encontrarme con vosotros en alguna sobremesa con una copa de Madeira y tiempo para charlar. Hasta siempre.

Anuncios

~ por El Búho Sibarita en 7 diciembre 2009.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: