El Barrigón de Bertín

Lastres es una villa marinera preciosa, con sus casas colgando a los lados de una sinuosa y estrecha carretera que concluye en el puerto. Lugar de veraneo, es difícil para un restaurante con pretensiones sobrevivir los largos días de otoño e invierno, incluso de la primavera. Los fines de semana son el salvavidas al que agarrarse hasta que llega el bendito verano, que en estas tierras no dura tanto como en el Sur. Pero, a cambio, se disfruta de la tranquilidad, del verde paisaje y de la despensa norteña, especialmente de los espléndidos pescados y mariscos, así como de las sabrosas carnes de los xatos alimentados en los pastos asturianos.

Tenemos, pues, producto, un gran producto. Si además tenemos a un cocinero que sabe realzar el producto sin enmascarar sus sabores, miel sobre hojuelas. Alberto Asensio es, sin duda, un cocinero de categoría. No descubro nada. En 2008, el diario El Comercio a través de su suplemento gastronómico Yantar le concedió su codiciado premio La Caldereta de Don Calixto” y en febrero de 2009 fue proclamado mejor cocinero de Asturias en el concurso realizado en Pravia. Naturalmente, todos sus méritos no llovieron del cielo sino que a su talento natural hay que sumar una trayectoria de aprendizaje que lo ha convertido en el gran profesional que ahora podemos disfrutar: Escuela de Hostelería, La Gruta y El Bulli. Así, cualquiera, verdad. Y aunque haya estado junto al cocinero de la década, Ferrán Adriá, no se dedica a copiar sus creaciones, que por otra parte, difícilmente saldrían adelante en el entorno que se encuentra. La principal virtud de Bertín es, precisamente, su capacidad para actualizar una cocina tradicional, dar ese toque especial a un producto de primera categoría, presentarlo en la mesa de una forma atractiva, pero sólida, sin espumas ni aires que todavía rechazan muchos comensales. Sin duda, sabe navegar en aguas difíciles, en estas tierras donde se mira con desconfianza la cocina vanguardista. Y para presentar en la mesa sus platos nadie mejor que su compañera, Itziar Salamanca, poseedora de una afabilidad extraordinaria, que te hace sentir como en tu propia casa.

El Barrigón de Bertín, el restaurante del que son propietarios esta simpática pareja, basa su cocina en los productos locales. Su especialidad son los pescados del día, que se detallan en una pizarra. Cocina de mercado, sólo productos auténticos de la mejor calidad, con una pescadería puerta con puerta y con pescadores que le reservan sus mejores capturas para ellos. Con los amigos de siempre el Búho compartió una especie de menú-degustación realizado para la ocasión: un aperitivo, cuatro entrantes para compartir, un plato principal de pescado y un postre. El aperitivo: Croqueta de Jamón y Cecina muy sabrosa que fue vista y no vista (también teníamos en la mesa una Mantequilla de Naranja para distraer el apetito).

El primer entrante que probamos fue un Mi-Cuit de Pato Relleno de Membrillo con Pistachos y Mencía, finísimo y con una presentación de lo más vistosa. ¡La vista también come, verdad! A continuación llegó una Ensalada de Costilla Deshuesada al Ajillo, uno de los platos más destacados de la comida. La costilla, espléndida de sabor, había sido cocinada a baja temperatura durante horas hasta conseguir el efecto final. Venía acompañada de una ensalada, creo recordar de rúcula y de unas patatas fritas en forma de rejilla.

El siguiente aperitivo un Pulpo a la Parrilla con Nata Doble de Bacon. Como sabe Bertín conseguir el punto adecuado para que no esté duro ni blando sino todo lo contrario. Y la salsa para mojar y mojar y mojar. Ya se sabe que lo mejor de hacer un régimen es el día que te lo saltas. Pues ya sabéis, venir al Barrigón cuando estéis en plan de adelgazamiento.

El último de los los entrantes que compartimos eran unas Almejas con langostinos en Salsa Verde, ya sabéis, la ecuación de Einstein: buen producto + técnica = disfrute. Otra vez a mojar, mejor que no vaya con vosotros quien os quiera tanto que para cuidar vuestra salud os esté vigilando constantemente. Para disfrutar en El Barrigón de Bertín es mejor ir con malas compañías de las que os dicen: ¿quieres un poco más de salsa?.

Hasta aquí viajamos juntos los comensales. Como plato principal uno eligió un espectacular Pixin con Langostinos y Salsa Suave de Ajillo, tan soberbio y prepotente que parecía el mismísimo Mourinho duchándose con los aspersores del Nou Camp después de eliminar al Barça. El que lo disfrutó, partidario del Real Madrid, estaba igual de satisfecho. Otros prefirieron probar un Rubiel a la Espalda que parecía tan fresco y rutilante que daba la impresión de que iba a  chiscarte de un momento a otro. Y finalmente, el Búho probó un Rodaballo de aquí con Refrito. Para mi gusto, en el punto exacto, lo justo y matemático. Nada de crudo junto a la espina ni seco por pasarlo de más. Nada de rodaballo de granja ni de esos pequeños, una buena pieza que me supo a gloria.

Y de bebida, ¿qué? Pues toda la comida estuvo regada por un blanco de D.O. Rueda, José Pariente, un verdejo del que ya hablé en un post anterior, “Vinos grandes, precios pequeños”. Es un vino que me encanta con el típico toque a heno y su frescura característica, que anima a beber una copa y otra. ¡Cuidado con los vinos de este tipo, que se beben sin darse cuenta de que tienen alcohol!. Y con un precio imbatible.

En los postres otra vez distintas decisiones. El Búho al que siempre le gusta probar lo más exótico se dedicó a un Postre Tiaré (bizcocho de chocolate con vainilla de Tahití), que Bertín trajo de un viaje de placer, esto si es saber mezclar el placer con los negocios. Difícil de encontrar, esta especia da un toque muy especial al bizcocho.

Mientras tanto otros probaban un Bizcocho de Almendra con Manzana y Crema de Valles de Oso que, según comentaron, fue una buena elección. Y el más goloso, como no había merengue, su afición predilecta, pidió el Arroz con Leche Requemao, que lucía brillante, fantástico, pero que el Búho hubiera sido incapaz de tomar a estas alturas de la comida, cuando empiezan a sentirse los primeros conatos de arrepentimiento por ser débiles de voluntad y habernos dejado arrastrar por nuestros apetitos.

El local, muy agradable. Para aparcar lo mejor es dejar el coche a la entrada de Lastres y luego dar un paseo, disfrutando del paisaje. Y si se tiene la suerte de contar con un conductor abstemio, los demás pueden disfrutar de la buena bodega que tiene Bertín con ginebras Premium, como Citadelle o Hendrick’s que se pueden combinar con la tónica Fever Tree, o vinos dulces, o una estupenda carta de whiskys de malta de 12 a 15 años para prolongar la sobremesa.

En una palabra: imprescindible.

El Barrigón de Bertín

Carretera General, s/n
33203 Lastres (Asturias)
Tfno: 985 850 445
www.elbarrigondebertin.com
Cierra los miércoles y noches, excepto sábados

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~ por El Búho Sibarita en 25 mayo 2010.

5 comentarios to “El Barrigón de Bertín”

  1. hola

  2. que el paisaje para el buho es bueno

  3. Hola Búho cuando puedas pasate por http://cencerreando.blogspot.com
    Una iniciativa que esta gustando.
    Un saludo

  4. Iré sin duda en cuanto pueda, con la descripción que el búho ha hecho de las diferentes degustaciones, ya se me ha hecho la boca agua.

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